lunes, 3 de noviembre de 2008

He aquí algunas pinceladas de este estilo pedagógico, redactadas principalmente con sus propias palabras.

Motivación. Abrir horizontes. Abelardo fue un experto en elevar la mirada de quienes le acompañaban hacia altas cumbres y dilatados horizontes. Nunca achicó las miras. Siempre abría la posibilidad de poner en práctica en seguida lo aprendido. «Los jóvenes nos están esperando».

La voluntad. Éste fue siempre el objetivo principal de la Campaña de la Visitación: devolver al hombre toda su potencialidad, restaurando su voluntad, tomando como fuente las palabras de Pío XII: «a una mente rica en ideas debe corresponder en el joven una voluntad firme y dócil». «El hombre actual entiende y quiere, pero no puede». Durante años el P. Morales había insistido en que «la base de toda reforma ha de ser la reforma de sí mismo. Cuando una reforma no tiene por base un aumento de obligaciones, esa reforma es falsa».

Dejar fallar. El estilo pedagógico de Gredos era una mezcla del estilo preventivo de Don Bosco, que consistía en crear un ambiente tal que el muchacho no pudiera fallar, y el estilo correctivo de castigar el fallo. El sistema pedagógico Gredos dejaba fallar para desde ahí corregir. Esa situación, ese reconocimiento de la propia culpa es a su vez el mejor antídoto, la mejor prevención para nuevas derrotas si se hace desde la propia reflexión. Nació el autocorrectivo como método peculiar síntesis del punitivo y del preventivo. Ésta puede ser una buena aportación al estilo educativo en nuestra época. Hoy que se intenta eliminar del educando los conceptos 'fallo, error, pecado' para evitar posibles traumas; y derivado de ello desaparece el concepto 'arrepentimiento' y, por lo tanto, 'petición de perdón y concesión de perdón'... Una sociedad con hombres supuestamente impecables es una sociedad abocada al fracaso de las relaciones humanas (no sólo en la pareja), y por supuesto en las relaciones con la divinidad.

Adaptación al medio y a cada persona. Personalizar el estilo es una de las claves, porque educar es tratar desigualmente a hombres desiguales. Abelardo había aprendido a exigir a cada acampado desde él mismo. «Nosotros hemos encontrado un salvavidas. Debemos encontrar ahora la forma de que se adapte a todas las medidas. Flacos y obesos. No se nos dio para el hombre antropométricamente perfecto. La adaptabilidad de 'hacerse todo a todos' para ganarlos a todos para Cristo, es otro de los eslabones que añadir a esa preciosa cadena de pedagogía campamental que nació en ese santuario de Gredos. La Iglesia ha ido bautizando siempre lo que ha encontrado de bueno en las culturas y civilizaciones. Ha sacralizado la música, el arte, la literatura [...]» (16-6-1991).

No crear personitas. El estilo de vida campamental pretendía crear líderes, pero líderes cristianos, es decir santos. Nuevos santos para el mundo contemporáneo. Uno de los riesgos, caer en el divismo, olvidándose para qué se forma a cada persona (léase el texto de tercera de cubierta de esta misma revista).


No proponerse metas imposibles. El ambiente de exigencia de las acampadas, unido a la emulación entre los distintos grupos, podía crear entre los jóvenes una alta motivación para realizar heroicidades, pero muchas veces fuera de la realidad. Las metas imposibles crean un sabor agridulce de impotencia, al comprobar no la ya propia limitación sino la falsedad del sistema en el que se está integrado. Un ejemplo que solía poner: por la tarde con una temperatura elevada en el campamento y una motivación fuerte no dejen que nadie se proponga bañarse por la mañana (al levantarse) en el río. Cuando llegue el momento, sin la motivación del atardecer, con el amodorramiento de la mañana y el frío del amanecer, es muy posible que se eche para atrás, o bien que lo haga con tal violencia que se venza y lo cumpla, pero dañándose física y psicológicamente en lo porvenir.


Javier del Hoyo
Revusta Estar N° 173

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