sábado, 31 de julio de 2010


HIJO DEL HOMBRE, En su letra y en sus notas nos ofrece vivencias bortadas al calor de la oración ante el Sagrario en el que Jesús, el Hijo del Hombre, se desvive en amor divino por cada uno de nosotros, la paz de la contemplación de crestas y valles, amaneceres y atardeceres en Gredos, la confidencia paternal con tantos jóvenes, la sabrosa tertulia de coloquios y asambleas. Son los detalles singulares, con nombres y apellidos, inolvidables, que soldó con su amor encendido en Cristo y que transfigura en melodía con trascendencia de eternidad: "Quiero en aquel que quiero transformarme, perderme en Ti, Jesús, y no encontrarme, y así, perdido en Ti, eternizarme".

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